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domingo, 17 de diciembre de 2017

¡FIBRA!



Debido a mi trabajo en un centro de cálculo informático, mi contacto con el mundo de internet ocurrió hace ya más de veinte años. La empresa, abierta como ninguna a las innovaciones tecnológicas, apostó desde muy pronto por el potencial de la nueva tecnología especialmente en la utilización de los correos electrónicos. Debido a que una de mis ocupaciones era ser el coordinador de un grupo de trabajo inter empresas, llevaba años mandando documentación por fax a una veintena de personas de forma mensual. Recuerdo que el día que me tocaba hacer los envíos casi me ponía malo, porque lo tenía que hacer de forma personal y era un buen rato el que me pasaba luchando con la máquinita de marras.

Con la llegada del correo electrónico aquello cambió, y no porque en un primer momento pudiera sustituir el fax por el email, porque insisto en que mi empresa era puntera y no todas las demás entraron tan pronto en este mundillo. Pero lo que yo si podía hacer era enviar un correo electrónico a un fax virtual que se encargaba de mandar de forma automática toda la documentación a la lista de números que llevaba puestos en la cabecera. Desde mi mesa y con un simple clic me había ahorrado la tediosa tarea mensual.

Las empresas van por delante pero al final, en todos los aspectos de la vida, lo que se trata es crear la necesidad para que todos hagamos las cosas de forma personal, en nuestro domicilio. Al principio el ambiente en la empresa era bueno y no había restricciones significativas en el uso de internet o el correo electrónico para asuntos personales, aunque yo siempre he querido diferenciar este aspecto por lo que pudiera ocurrir. En 1997 me había apuntado a correr la maratón de Nueva York y yo en casa no tenía conectividad, con lo que el correo y el acceso a internet desde la empresa fue de una gran ayuda para todo lo relacionado con la carrera: extraje numerosa información y recomendaciones sobre el particular. Pero con anterioridad a hacer uso privado en la empresa pedí permiso expreso a mi jefe que me lo concedió sin ningún problema.

No quedaba más remedio que ponerse en casa el acceso para disfrutar de este mundo. La primera empresa con la que contraté el servicio fue Wanadoo y el coste de un recibo que tengo por ahí guardado era de 45,24€. Estamos hablando de los primeros años de este siglo XXI con lo que el coste era ciertamente alto. Y además todo iba por la línea convencional de teléfono con lo que la lentitud era exasperante, especialmente si la comparamos con la de hoy en día. Quince años de evolución en este terreno tecnológico son muchos años y lo que en un modem de aquellos era una velocidad de 0,05x ahora en un router es de 300x e incluso más. Pero para tener esta velocidad es necesario que la «fibra» llegue hasta nuestra casa.

Un avance significativo fue la llegada del llamado ADSL a las comunicaciones. Pero la limitación del hilo telefónico que daba servicio tanto al teléfono convencional como al servicio de internet era significativo y además había que tener en cuenta un hecho que llamaba la atención: a mayor distancia física de nuestro domicilio a la central telefónica menor velocidad en las transmisiones. En mi caso, yo tenía contratada una velocidad nominal de 20x pero en los mejores momentos en los que lo he controlado me llegaban 7,7x. Y esto en operaciones de descarga que son las más comunes. Pero yo por mi trabajo, hago algunas operaciones de subida y aquí el rendimiento era patético: 0,3x de velocidad de subida en el mejor de los casos.

A mi bloque llegó la fibra hará un par de años o quizá más. Lo más normal en instalaciones de fibra estándar es que ambas velocidades, subida y bajada, sean de 300x. En la imagen pueden verse las velocidades que tengo en este momento: 294x de bajada y 316x de subida. Pero aunque mi vecino del piso de arriba tiene fibra desde hace ese par de años, yo no he dispuesto de ella hasta hace quince días. ¿Por qué? La única empresa que disponía de las instalaciones de fibra en mi zona era Timofónica y yo hace varios años tuve par de agarrones con ella y me dije que nunca más. Y hasta ahora lo he mantenido y espero poder seguir haciéndolo ad infinitum. Yo necesitaba la fibra como el comer. En alguna ocasión he subido a casa del vecino o me he ido a casa de mi hermano, como cuando por ejemplo tuve que subir un vídeo pesado a Youtube y lo que en mi casa me costaba unas veinte horas con mi ADSL patatero, la fibra se lo merendaba en menos de media hora.

Ya tengo fibra, con otra empresa que no es Timofónica. Estoy como niño con zapatos nuevos. Pero la fibra ha traído consigo una peora que no me gusta nada: el teléfono fijo depende de la conexión a internet: si esta falla, te quedas sin fijo. Hoy día la cosa no es muy importante, en mi caso, porque disponemos en la familia de móviles y nos podemos arreglar. Pero me pongo en el caso de un autónomo o profesional que se quede sin internet y sin el teléfono profesional.

Pues bien, eso ha ocurrido. El lunes de esta semana he estado sin internet y por tanto sin teléfono. El martes por la mañana tenía internet y teléfono… pero no era el mío, pues el número era otro diferente. El mío simplemente no existía y recibía llamadas que iban destinadas a otro número. Menos mal que no era el de una casa de citas. Afortunadamente eso se arregló en la media tarde del martes. En estos casos la solución era llamar al servicio de atención al cliente de la empresa que me da servicio y que mencionaré: Jazztel. La avería ha sido de tal calibre y de tal extensión territorial, que era imposible contactar con ellos. Solo quedó esperar, pero las imprecaciones de los usuarios en las redes han sido épicas. Con esto se demuestra que en segundos y por una avería o un error informático como parece que ha sido el caso, se nos pueden caer los palos del sombrajo y quedarnos a verlas venir.

Ha sido un buen bautizo en el mundo de la fibra. Esperemos que no vuelva a ocurrir. Diré que estoy contento, muy contento, con el servicio de Jazztel desde hace unos diez años y por eso me mantengo en él y he esperado pacientemente, sin traicionarles, a que me dieran el servicio de fibra aunque sea a base de que Jazztel se la alquile a Timofónica. Son cosas entre empresas que a mí no me llegan; yo lo que quiero es no tener relación alguna con Timófonica. Por ello he pagado un alto precio estos dos años auto limitándome. Ahora a esperar que no haya más sobresaltos y pueda disfrutar de mis nuevas velocidades que me parecen de vértigo comparadas con las anteriores. Es de suponer que con el tiempo me acostumbraré a ellas y me parecerán lentas, pero eso es ley de vida.


domingo, 10 de diciembre de 2017

ABROGAR




 Esta semana se han celebrado en España numerosos actos conmemorativos del 39 aniversario de la proclamación de la Constitución Española de 1978, actualmente en vigor. Conocida también como Ley Fundamental o Carta Magna ha servido a lo largo de estos años para mantener un complicado equilibrio entre todos los españoles que últimamente se ha visto profundamente alterado por algunos hechos de calado como los procesos secesionistas en una comunidad autónoma o el asunto de las concesiones en materia económica a otra.


Hay que tener en cuenta que muchos de los españoles que viven bajo sus disposiciones ni siquiera habían nacido cuando se promulgó. Por otro lado, las condiciones sociales cambian hoy en día a un ritmo vertiginoso con lo que no pudieron ser contempladas en su día y cuesta un cierto trabajo encajarlas. Por estos y otros motivos, parece que hay un cierto consenso generalizado entre la sociedad española de que hay que cambiar la Constitución, se entiende que para mejorarla, claro está. Bajo presiones de la Comunidad Económica Europea por asuntos económicos se modificó el artículo 135 de forma exprés, de la noche a la mañana, casi sin que nos enterásemos.


Ya hace años se produjo una situación similar en la que otra comunidad autónoma llevó adelante con mucha fuerza su posible separación del conjunto de España. Tras muchos dimes y diretes, la cosa no llegó a mayores porque en el último momento, cuando las cosas se empezaban a poner demasiado tirantes, imperó la cordura y se paró el asunto. Pero en ese momento había que haber tomado buena nota y empezar a poner, de forma pausada y tranquila, las correcciones necesarias para que no se volvieran a producir estos escarceos. No se hizo y el resultado es que se han producido de nuevo en otra comunidad autónoma y con una virulencia que todavía no ha finalizado y que veremos por donde transita.


Después de 39 años parece que ya toca adaptar la Constitución a la realidad y quizá pensar en que a partir de ahora estos cambios se produzcan de forma paulatina para irla adecuando a la realidad que como ya he mencionado es muy cambiante. Cuando se aprecian los primeros síntomas de una enfermedad es cuando hay que tratarla, no limitarse a los más significativos, sino aprovechar para hacer una revisión en profundidad.


Hay muchos temas que preocupan a los españoles, unos más a algunos y otros menos a otros. Pero hay cosas que no gustan en la actualidad y que habría que hablar de ellas para tratar de llegar a un consenso que se presume muy difícil, porque las condiciones actuales no son las mismas que tuvieron los llamados Padres de la Constitución al elaborarla, recién salidos de cuarenta años de dictadura y con más de una espada de Damocles sobre sus cabezas por determinados estamentos sociales que seguían en activo y sin muchas ganas de cambiar el sistema.


Visto lo visto, parece que el cambio más urgente es la reordenación de la organización territorial. Aquel «café para todos» que imperó en la Transición no ha tenido buenos resultados con el paso de los años. Pero no por ser el más urgente debe ser el único que se acometa. Hay ciertos aspectos de la vida nacional que han quedado tocados seriamente y que podrían llevar a plantear una recentralización de los mismos, en la creencia por parte de muchos de que no deberían haberse cedido ciertas competencias. Los graves hechos acaecidos en Cataluña entre fuerzas de seguridad del estado «centrales» y «autonómicas» son un ejemplo que evidencia el problema. Por no hablar de asuntos como la educación o la sanidad. Hay cosas que, en mi opinión, no pueden repartirse como si fueran chocolatinas porque conducen a situaciones de clara diferenciación entre ciudadanos. No quiero hablar de la educación, que daría para mucho, pero sí de que no es de recibo que un español de Madrid por ejemplo tenga problemas para obtener medicamentos en Cantabria por los diferentes tratamientos que ambas comunidades realizan a sus gestiones en esta materia.


En todo caso, la realidad del día a día se impone y la Constitución, como cualquier ley, debe ser consecuentemente adaptada a la realidad. Lo básico en la vida de un ciudadano, su vivienda, su trabajo, su educación o su sanidad son cuestiones de las que se habla en la Constitución como derechos pero que no se han desarrollado ni se perciben como solucionados con la suficiente rotundidad. Y es que cuando una persona tiene todas esas cuestiones básicas cubiertas, ya puede pensar en hacerse del Madrid, del Atleti o del Barcelona.


Las leyes no son eternas ni inmutables. Nacen, tienen su recorrido y son derogadas ─abrogadas─ siendo sustituidas por otras. Es ley de vida. La primera constitución española, la «Pepa», aprobada el 19 de marzo de 1812 no sigue vigente hoy en día. Aun sumiendo por parte de todos que los cambios son necesarios, a nadie se le escapa que es un reto extremadamente complicado. Se necesita una reforma en profundidad, valiente, creativa. ¿Quién o quienes la llevan adelante? En una primera aproximación parece que sería la (desprestigiada) clase política de nuestro país la encargada de acometer estos cambios. No me parece que sean los más adecuados, cuando a lo largo de estos casi cuarenta años los dos partidos políticos que nos han gobernado de forma alternativa han hecho de su capa un sayo y los emergentes en los últimos años están dando unos tumbos que asustan al más pintado.


Llevamos años mirando para otro lado y no haciendo caso a las señales que la vida actual nos va brindando. Y no es cuestión de tapar la herida con un poco de mercromina y un esparadrapo dando un tratamiento (insolidario) especial en materia económica a una comunidad en detrimento de otras. Eso ha quedado demostrado que es pan para hoy y problemas para mañana.


Así pues… ¿Quién pone el cascabel al gato?



domingo, 3 de diciembre de 2017

MARGINALIA



Pido perdón por la licencia de utilizar como título de esta entrada una palabra que no figura en el diccionario, pero la que pretendía usar originalmente, anotación, queda un poco más diluida. Ya sabemos que la Wikipedia no es de fiar, pero en ella aparece una entrada para marginalia que la define como «el término general para designar las notas, glosas y comentarios editoriales hechos en el margen de un libro. El término también se usa para describir dibujos y manuscritos ilustrados medievales. No se deben confundir las marginalia con signos, marcas (por ejemplo estrellas, cruces, entre otros) o garabatos hechos por el lector en los libros». Añade que anotación es la manera formal de designar el agregado de notas descriptivas a un documento. Por ahondar un poco más en una cuestión que me ha llamado la atención y que puede resultar curiosa: marginalia es un plurale tantum y de ahí de hablar de las marginalia, en plural y no en singular.

Empecé como lector empedernido en mis diez años de edad, con aquellos libros de la editorial Bruguera de la colección Historias Selección en los que la guinda estaba en que cada cierto número de páginas normales —rellenas solo de letras— se incluía una gráfica de tipo comic; yo hacía primero una lectura completa del libro por sus ilustraciones —eran 250 según rezaba en las portadas—, con lo que me hacía un idea del contenido, para a continuación proceder con la lectura completa. Conservo algún ejemplar de estos libros que ya tienen más de cincuenta años porque muchos de ellos los intercambiaba por una modesta cantidad en pesetas en el puesto del tío Juanito, que hacía esto con estos libros y con las famosas novelas del oeste de Marcial Lafuente Estefanía y otros.

No tenía costumbre en aquella época en tomar notas de mis lecturas, como tampoco lo hice hasta mi primera gran interrupción lectora, que tuvo lugar cuando comencé a estudiar una carrera universitaria a distancia en la UNED. Transcurrieron once años sin acercarme a ningún libro que no fuera relacionado con los estudios que simultaneaba con mi trabajo y mi familia. Finalizada esta, recuperé inmediatamente mi voracidad lectora y ahí empecé con la costumbre de tomar algunas notas y copiar algunas frases para hacer un pequeño resumen que ponía en una hoja informática excel donde registraba —lo sigo haciendo— cada libro que leía. Así pues, desde septiembre de 2004 tengo registrados en mi particular bitácora de lecturas la cantidad de setecientos setenta y nueve libros con algunas notas y/o frases, registro que me hace un buen servicio para recordar si he leído o no un determinado libro, y un pequeño resumen o detalles relevantes. En alguna ocasión me ha ocurrido el comenzar la lectura de un libro y parecerme que me sonaba el tema. Una consulta a mis registros me permite aclarar el hecho. El último con el que me ha ocurrido ha sido con «Intemperie» de Jesús Carrasco, que leí de nuevo para un club de lectura.

Las notas las tomaba en alguna hoja de papel suelta que andaba entre las páginas y que alguna vez he llegado a perder, dado que mis lecturas tenían lugar principalmente en el transporte público. Allá por dos mil nueve mi buen amigo Miguel Ángel me introdujo de lleno en el mundo de los lectores electrónicos, en los que es muy sencillo tomar notas y añadir comentarios según vas leyendo, que luego pueden ser transferidos directamente al ordenador. En ellos tomar notas o copiar párrafos es un juego de niños. Desde entonces, procuro leer todo en formato digital por su mayor comodidad y por las facilidades añadidas como la comentada y otra que también suelo practicar como es acudir al diccionario de forma automática cuando dudo del significado de algún término, otra operación que en el lector electrónico es cómoda y directa.

Pero no todos los libros en los que focalizo mi interés están disponibles en formato digital. De hecho, según mi bitácora, el primer libro leído en formato digital fue «Juliano el apóstata», de Gore Vidal, que venía cargado en el lector que recibí como regalo el día de Reyes de 2010. Desde entonces he leído cuatrocientos ochenta y cinco, de los cuales tan solo cincuenta y uno lo han sido en papel.

Acostumbrado desde hace años a tomar mis notas digitalmente, volver a hacer esta operación cuando me enfrento a un libro en papel deviene en una verdadera incomodidad; no hay nada como dejar viejas costumbres que resultaban engorrosas y tenerlas que retomar. Hay que tener en cuenta que salvo muy contados casos en los que el continente merece la pena, no compro libros en papel ya que si lo hago, al finalizar su lectura los tengo que regalar porque tengo cuasi prohibida su entrada en casa dado que no hay sitio material donde colocarlos.

Muchos de los que leo en papel son prestados por amigos u obtenidos en bibliotecas, lo que me lleva según mi código de conducta a tratarlos de forma exquisita para poderlos devolver en el mismo estado en que han llegado a mis manos. Por ello, procedo a forrarlos con papel y en esta operación, quién me lo iba a decir, he encontrado la solución a la toma de notas. Para ello añado un pequeño cordón que me sirve de marca páginas y aprovecho para colocar en su extremo un lápiz de los de Ikea —hago la propaganda a cambio del lápiz—. Cuando quiero tomar una nota la escribo directamente en el forro del libro que ya procuro que sea en papel blanco para este menester y si se trata de un párrafo anoto la página y hago una pequeña marca con el lápiz en el lateral que luego puede ser borrada fácilmente. Al finalizar la lectura y antes de devolver el libro recupero el forro con las notas, el cordón y el lápiz  para la siguiente ocasión y reviso las páginas anotadas para copiar algún párrafo y borrar las marcas laterales.


viernes, 24 de noviembre de 2017

blackFRAUDE



Como es de bien nacidos ser agradecido, empezaré por decir que el título de esta entrada no se me ha ocurrido a mí, sino que lo he visto en una campaña de FACUA sobre el día de hoy, viernes, el día del consumismo por excelencia y que en realidad se conoce como el «blackFRIDAY», que equivaldría en su traducción al español a «viernesNEGRO». Adelanto la publicación de mi entrada semanal que normalmente se produce los domingos para hacerla coincidir en el día apropiado.

En un tuit emitido esta semana por el conocido escritor Arturo Pérez Reverte se decía lo siguiente: «Hay colegios donde ya se celebra el Día de Acción de Gracias gringo y los niños dibujan pavos. Como dije alguna vez, los españoles estamos siendo gilipollas por encima de nuestras posibilidades». Sin comentarios. Este día muy especial, quizá tanto o más que la propia Navidad, se celebra en Estados Unidos el último jueves de noviembre.

Parece que el comercio estadounidense no podía esperar a materializar las compras navideñas hasta dentro de un mes y se han inventado esto del blackFRIDAY al día siguiente de Acción de Gracias para incitar a los ciudadanos al consumo desaforado y, lo que es peor, muchas veces incontrolado. Y claro, aquí, que no podemos resistirnos, lo hemos importado corregido y aumentado, por si teníamos pocos días del padre, de la madre, de San Valentín… Ya no es un día, llevan toda la semana bombardeando al personal con anuncios, mensajes, correos electrónicos… ¿Queda alguien en este país que no sepa que hoy es el viernesNEGRO? Y por si fuera poco ya se ha acuñado y puesto en marcha la continuación el próximo lunes con el nombre de «cyberMONDAY».

Palabras tales como rebajas, descuentos, ofertas o gangas son mágicas y parecen que disparan las neuronas cerebrales y nos impulsan a comprar sin control, aunque no lo necesitemos, simplemente porque nos creemos que está rebajado. Desde hoy a las cero horas e incluso ayer a las 22:00 se podían ver colas en los centros comerciales de compradores deseosos de hacerse con mercancías en las que están ilusionados y les van a salir mucho más baratas que si las hubieran comprado hace una semana o las comprasen dentro de quince días. Algunos amigos me han dicho que aprovechan este día para hacer todas las compras de Navidad. Yo les sugeriría que comprasen también las del año que viene, así ahorrarían más.

Inicialmente este evento estaba dedicado primordialmente a la tecnología, focalizándose en los ciudadanos conocidos como «GEEKS» a los que ya dediqué una entrada en este blog que puede verse en este enlace . Pero ahora ya todo el comercio se apunta, sea cual sea la mercancía que venda. Como digo, he sido bombardeado por todos lados con sugerencias de lo más estrambótico. Una de ellas ha sido de una agencia de viajes ofreciéndome grandes descuentos por adquirir en firme un viaje para el verano de 2018. Otra ha sido de un par de supermercados de alimentación. 

AL mismo tiempo que toda esta parafernalia de anuncios, se han podido ver en prensa y en las redes sociales todo tipo de recomendaciones alertando de los peligros que supone dejarse llevar por la fiebre del día y lanzarse a un consumo descontrolado. Muchas de las indicaciones son de sentido común y habríamos de tenerlas en cuenta todos los días del año tanto si compramos presencialmente en una tienda como si lo hacemos a golpe de ratón a través de internet.

Por ejemplo, en la red social Twitter, la GDT —no confundir con DGT— de la Guardia Civil (Grupo de Delitos Telemáticos) ha lanzado estos días numerosas recomendaciones sobre el particular. No hacer clic en direcciones que nos lleguen por correo o wasap que pueden ser lo que no parecen (phising), intentar recabar datos sobre el vendedor, desconfiar si está en el extranjero, si la redacción presenta giros sospechosos en español, especial atención si los precios son extraordinariamente bajos, si podemos comprar presencialmente en lugar de por internet, si conocemos el portal y es de confianza, si los plazos y condiciones de devolución o cambio están claras, si conocemos el precio con anterioridad y está realmente rebajado, si el producto es actual o son saldos a los que se quiere dar salida… En fin, lo de siempre, más de lo mismo, pero que por mucho que se recuerde no es suficiente. La clave está en si necesitamos realmente lo que vamos a comprar y si lo vamos a utilizar y en los refranes: «las apariencias engañan» y «no es oro todo lo que reluce». 

Y para muestra un botón que me ha ocurrido a mí personalmente hace unos instantes. En la imagen que acompaña a esta entrada puede verse una oferta de un portal contrastado, que he glosado en varias ocasiones en este blog y del que no tengo queja alguna en las numerosas transacciones que he realizado con ellos desde hace varios años. El precio para un disco duro SSD de 2 Tb en 10,99€ era imbatible. ¿Quién se puede resistir a comprar tres o cuatro? Pero casi cuando estaba decidido a la compra, reparé en «cartucho de externo para tarjeta», un texto mal redactado que podía ser un error pero que llamo mi atención. Me fui a ver la opinión de un cliente y ahí estaba claro que se trata de una simple carcasa, vacía, sin disco que valga. 

Me gustaría saber cuántos clientes han picado en esta oferta, que diría que es involuntaria por parte del vendedor porque su política de devoluciones está contrastada y es fiable. Lo que seguramente ocurrirá es que los que caigan en esta oferta no se molestarán en devolver el producto cuando lo reciban por el engorro que suponen los trámites.


domingo, 19 de noviembre de 2017

peroCIERTO



No podía dar crédito a lo que veían sus ojos. Tantas horas de trabajo, documentación, correcciones, reuniones con su agente y la editorial… todo un mundo para tenerlo todo a punto y al final, el acabose. Él, que era un autor consagrado, con decenas de libros publicados, con experiencia, bajo el paraguas de una de las mejores editoriales internacionales… no podía estar pasando, no podía estar ocurriendo, no podía estar ocurriéndole a él. 

Tenía multitud de seguidores en la red social Twitter, que atendía a diario empleando mucho tiempo, pero le compensaba. Un escueto tweet, que quería ser cercano, le sacó de sus casillas: un tuitero identificado con el usuario @xxxxxx le citaba en uno de sus trinos y le felicitaba por el libro. Ver para creer.

La editorial se había empeñado, en contra de su voluntad, en anunciar la publicación con meses de antelación. Antes del verano ya andaba insertando publicidad en los medios, cuando la aparición estaba prevista para finales de noviembre; mucho tiempo, demasiado. El libro tendría tirón pues no en vano era uno más de una larga serie que los lectores devoraban y que incluso había llegado a convertirse en película en un par de ocasiones.

Conteniendo la rabia y antes de cualquier acción, procedió a responder a su interlocutor de forma escueta y elegante, a través de la misma red.

Cita de libro aún no publicado. Uhum.

El texto de libro se había filtrado y había llegado a ese lector que le felicitaba, tras haberlo leído supuestamente, estaría bueno. Cabía la posibilidad de que fuera un hecho aislado y la filtración solo hubiera llegado a esa persona, pero su experiencia en el mundo de los ceros y los unos le decía que la cosa iba más allá. Ya hace unos años ocurrió lo mismo con otro autor de renombre, que tuvo que lidiar con el hecho de que su libro, completo y correcto, se filtrara a unas páginas ilegales que permitieron la descarga del mismo con una semana de antelación a la fecha anunciada de su publicación. Ahora le estaba ocurriendo a él. Mala suerte. Poco podía hacer él aunque de cara al futuro intentaría algún movimiento.

Lo primero, una llamada rápida y concisa a su agente para comunicarle lo que estaba ocurriendo y a continuación una reunión urgente con la editorial para poner en su conocimiento el hecho y llegar a determinar lo que podía haber ocurrido. Mil ideas pasaron por su cabeza, porque el manuscrito, ahora una pieza de ordenador, lo había hecho llegar fuera del mundo editorial a unos cuantos amigos de confianza para que le dieran su opinión. Confiaba en todos ellos, pero quién sabe, antaño con las fotocopias era un poco más complicado, pero hogaño los ficheros vuelan y en un instante pueden estar replicados en la otra parte del mundo y caer en lectores electrónicos indeseables.

Algunas veces lo había pensado, pero su desconfianza no llegaba a tanto. Variar algún párrafo en todas y cada una de las copias que facilitaba a amistades y a la propia editorial, de forma que si alguna de ellas llegaba a ser puesta en circulación, al menos sabría de donde había venido la filtración. Se conjuró a hacerlo la próxima vez y eso le llevó a llamar a un amigo experto en informática para que fuera dando una pensada a la forma de hacer esto para ocasiones venideras. Su amigo no se sorprendió de la consulta y le dijo a bote pronto que eso era muy fácil, que había antecedentes de ese tipo de acciones en los años setenta del siglo pasado cuando IBM ganó una querella a FUJITSU por copia ilegal de sus programas, demostrándolo ante el juez al aplicar una plantilla en un texto que dejaba claro quién era el propietario. Una victoria más moral que económica, el daño estaba hecho, pero que dejó constancia de la profesionalidad de IBM y la chapucería de los japoneses, expertos por otro lado y en aquellas épocas en hacer este tipo de enjuagues tecnológicos.

Pero el amigo informático le sugirió que se daría una vuelta por la red a ver si la cosa era individual o había llegado a mayores. Él le agradeció su ofrecimiento y quedó a la espera de la comunicación de sus pesquisas. No tardó ni media hora en recibir la llamada con la información de que ese libro llevaba colgado y disponible en la red desde hacía varios días en un portal ilegal y que cualquier usuario podía hacerse con él de forma anónima, dejando solo el rastro de su dirección IP. Pero lo más seguro es que hubiera accedido a otros muchos contenidos y probablemente no se podría certificar si había obtenido su libro en concreto. Para ello sería necesaria la colaboración de los gestores de ese portal, que utilizaba un sistema llamado de CloudFlare que permitía irle moviendo por varias ubicaciones a lo largo del día y que con toda seguridad estarían lejos del alcance de las autoridades españolas e incluso europeas. En la última hora el portal había estado en Luxemburgo, Bulgaria y Singapur.

La globalización, pensó, muy buena para unas cosas y tremendamente perniciosa para otras. Poco podía hacer. Él, que era un acérrimo defensor desde sus comienzos del libro electrónico, ya estaba cansado de anteriores escaramuzas en la red con los amigos de lo ajeno. Era inútil, un caso perdido, al menos por el momento. Ajo, agua y resina, no quedaba otra. Bueno, sí, esperar al día señalado para la publicación oficial, tanto en papel como en formato electrónico, a ver cómo marchaba la venta de ejemplares, aunque había tenido grandes diferencias por la gestión de los precios con la editorial: mientras que el clásico en papel se vendería al asequible precio de 17,50 euros, el precio del ebook había sido fijado en contra de su voluntad en 12,80, una cantidad que sobrepasaba esos límites no escritos de los 10 euros que otros autores y editoriales manejaban en sus lanzamientos.

Con pocas esperanzas, cuatro días antes de la salida al mercado accedió de nuevo a un conocido portal de venta de libros para comprobar  si sus peticiones de rebaja del precio del libro electrónico habían sido escuchadas. Comprobó con satisfacción que sí al ver el precio establecido en 9,99 euros. Menos excusas para los amigos de lo ajeno.




domingo, 12 de noviembre de 2017

ENVASES



Con los cambios en los usos y costumbres que han sido vertiginosos en los últimos años, nos hemos acostumbrado a que la gran mayoría de productos que adquirimos vengan envasados. Esto facilita el comercio, especialmente en las grandes superficies donde el comprador puede ver y tocar casi todo antes de echarlo al carrito y llevárselo para casa. Atrás quedaron otros tiempos en los que la gran mayoría de las cosas se vendían a granel, como se comentaba en la entrada «ENVOLTORIOS» de este blog hace ya casi una década.

Todo este asunto de los envases trae un mundo a su alrededor. No se trata de empaquetar las cosas en cualquier embalaje, porque la imagen lo es todo hoy en día. Por ello las empresas se esfuerzan e invierten enormes sumas de dinero en hacer llegar sus productos a los compradores en envoltorios atrayentes. Todo un mundo para el marketing y los diseñadores. Todo esto tiene un coste no solo económico sino en una enorme cantidad de desechos que producimos y que van a la basura; los esfuerzos por reciclar esta montonera de residuos son arduos pero probablemente se requeriría mucho menos esfuerzo si se incidiera en la no producción de los mismos.

Con todo este asunto y si no estamos ojo avizor podemos estar perdiendo más dinero del que nos cuesta, no olvidemos que lo pagamos nosotros, el envasado. Hay muchos casos y cada persona habrá anotado los suyos, pero yo me quiero referir a modo de ejemplo a dos concretos.

La foto que acompaña a esta entrada muestra un bote de plástico que contiene crema para la dureza de los pies. No importa la marca porque este sistema boca-abajo se está imponiendo como una comodidad en numerosas cremas y productos, no solo de aseo como pastas de dientes sino también en alimentación como las mahonesas. Una pregunta que me hago es por qué los envases, por lo general, no son transparentes. Hay excepciones, a las que otorgo mi reconocimiento, como por ejemplo una conocida marca de kétchup a la que cito por su transparencia: Heinz. La justificación en el uso de envases opacos está basada en la conservación de los productos, especialmente en alimentación.

Pero volvamos a la crema de pie. Me he molestado en cortar un producto nuevo y he podido comprobar que en este caso y en esta marca el interior está lleno de crema, pero con mucha probabilidad sea debido a que te «regalan» 50 ml. En esta promoción, no creo que fabriquen envases de tamaño diferente para su venta normalizada, por lo que deduzco que cuando el contenido es el normal vendrá una porción llena de aire en lugar de crema. Aunque esto no es lo peor: cuando utilizamos normalmente el producto, llega un momento en que por mucho que apretemos no sale más, solo aire o pequeñas gotas. Me imagino que la gran mayoría de los usuarios arrojarán el continente a la basura sin saber que, en este caso, al menos una quinta parte, un veinte por ciento, de contenido utilizable sigue en su interior. Ventajas o realmente inconvenientes de este tipo de envases. Yo corto con un cúter el envase y sigo disponiendo de crema hasta su completa finalización. No es ni mucho menos una cantidad despreciable esa quinta parte.

Otro ejemplo es el de una conocida marca de chocolate en polvo que lleva entre nosotros decenas de años y que cito como propaganda negativa en este caso: Cola-Cao. Envases enormes, opacos, que cuando son abiertos y nos asomamos a su interior constatamos que casi la mitad está vacío, bueno, lleno de aire. A lo mejor es un poco exagerado hablar de la mitad, pero casi, casi.

Podemos darnos un paseo por nuestras neveras y despensas, mirando los envases con otros ojos. Y aunque no podremos asomarnos al interior de muchos, si podemos hacerlo al abrirlos y ver cuánto de aire y cuanto de contenido real hay en su interior.



domingo, 5 de noviembre de 2017

SEPULTURA



En esta semana se ha celebrado un día dedicado a la muerte y los muertos. Cada cultura o cada religión lo enfoca de una manera diferente pero el trasfondo de la cuestión es recordar de alguna manera que la parca anda siempre alerta y tarde o temprano vendrá a saludarnos y llevarnos con ella. ¿Dónde? He ahí un verdadero dilema que nadie sabe y que ha dado lugar a un montón de especulaciones sobre el destino final de lo que hemos dado en llamar alma, porque el cuerpo se queda aquí en la Tierra para ser pasto de los gusanos o últimamente en nuestro entorno de las llamas, que en otras culturas y lugares, el fuego lleva mucho tiempo haciéndose cargo de la parte material de los que dan por finalizada su estancia aquí.

Hace veinte años por estas fechas, me encontraba yo en Nueva York a la espera de participar en el maratón que tiene lugar anualmente en esa ciudad el primer domingo de noviembre. La tarde noche del 31 de octubre nos desplazamos a la zona conocida como «Village», concretamente en Washington Square, para presenciar un imponente desfile de carrozas, lo que fue mi primer contacto con esa fiesta que ahora ya se ha afincado en nuestra cultura española, sobre todo en los jóvenes, y que es conocida como «Halloween», noche de brujas, noche de muertos o noche de víspera de difuntos. Se trata de una fiesta muy arraigada en el mundo anglosajón y que se ha extendido últimamente a otros países como España como contrapunto a la religiosa fiesta de «Todos los Santos», de amplia tradición española y dedicada más a recordar a familiares y amigos que nos dejaron y no tanto al concepto de la muerte.

El problema fundamental es ese no conocer lo que hay detrás. Hace muchos años me desplazaba yo a mi trabajo en Madrid en el autobús 28 de la E.M.T.-Empresa Municipal de Transportes de Madrid que transitaba por delante del cementerio de la Almudena. Durante varios años veía una pintada en sus muros que rezaba: «Detrás de la muerte no hay nada». Un día, ya digo que al cabo de varios años, alguien contestó: «Y tú qué sabes». Al poco tiempo desaparecieron ambas frases del muro del cementerio.

Culturas muy antiguas como la egipcia tenían una especial sensibilidad por el cuerpo y lo que pudiera haber en el más allá, que al ser desconocido solo admitía especulaciones. Otras culturas posteriores no han incidido de forma tan categórica en la conservación del cuerpo y simplemente ha sido cedido de alguna manera de nuevo a la Tierra sin más consideraciones. También las piras funerarias han formado parte de las formas de acabar con los cuerpos ya sin vida.

Lugares de enterramiento han existido siempre pero de forma comunitaria y con reutilización de las sepulturas por diferentes miembros de la comunidad. Cuevas y fosas naturales, véase Atapuerca, han sido utilizadas también para depositar los cadáveres pero siempre en una solución de temporalidad hasta que la naturaleza diera cuenta de ellos. Los cementerios permanentes, camposantos si son católicos, son un invento relativamente reciente que en España tiene poco más de doscientos años, y que surgieron para evitar la insalubridad que suponía los enterramientos en las iglesias o zonas adyacentes. Ahora se sigue enterrando en iglesias o panteones pero a personas señaladas, de forma muy especial y con todas las garantías higiénico sanitarias. Los cementerios se ubicaron alejados de las poblaciones, pero en la actualidad y dado el crecimiento de las zonas urbanas, muchos han tenido que ser movidos o simplemente han quedado en el interior de las mismas, lo que deja un regusto macabro al asunto. El que un vecino al asomarse a su balcón vea enfrente un cementerio no deja de ser un poco extraño y por lo demás poco agradable, como ocurre por ejemplo en el pueblo madrileño de Galapagar.

Según las estadísticas, en España, dos de cada cinco personas que fallecen optan por la incineración. Los familiares recogen en una urna las cenizas del deudo y decide qué hacer con ellas, desde arrojarlas en una zona de especial significado como puede ser el mar o una montaña, tenerlas en una repisa en el salón o incluso depositarlas en los llamados columbarios que empiezan a aparecer en los cementerios. La Iglesia se ha pronunciado en el sentido de recomendar que los cuerpos sean enterrados mejor que incinerados, pero en caso de optar por la cremación recomienda que las cenizas sean depositadas en sitio sagrado como puede ser un cementerio o iglesia, como una forma de respeto al cuerpo del difunto.

Hay mundos curiosos alrededor de todo esto. Por lo general las personas manifiestan a sus allegados sus preferencias de cómo y dónde ser enterrado o quemado. Es muy corriente querer ser enterrado en el cementerio del pueblo donde se ha nacido y donde ya has comprado tu plaza y tienes todo preparado, incluso habiendo contratado un seguro de deceso de forma que la compañía aseguradora se encargue de todo, incluso el traslado al lugar designado. Pensemos, y conozco casos concretos, que personas que viven a cientos de kilómetros de su localidad de origen quieren ser enterrados en ella, lo que supone un desplazamiento especial, papeleo y unos gastos cuantiosos.

Pero otra cosa que llama la atención y es a la que responden las imágenes de esta entrada es que algunos prefieran ser enterrados lejos de su lugar de nacimiento. Dice una frase, a la que muchos se resisten, que «no se es de donde se nace, sino de donde se pace». Supongo que será por eso que algunos como el general inglés William Wheatley, hace siglos, o el embajador alemán Guido Brunner, más recientemente, decidieron quedarse para siempre en los lugares donde habían vivido los últimos años de sus vidas. Para gustos, incluso después de muertos, hay colores.



domingo, 29 de octubre de 2017

REGISTRO



En estos últimos días me he enfrentado a tres sesiones de «PAPELEO» que han sido como la cara y la cruz de la moneda, el ayer y el ahora de los trámites en sitios oficiales que me ponen cada vez más de los nervios al tener que enfrentarme ante lo desconocido sin conocimientos claros de cómo hacerlo. La duda me asalta y por mucho que intente prepararlo todo bien me queda la duda profunda de si no habrá algo erróneo o faltará algún papel.

Resumiendo un poco, podríamos decir que estos tres aspectos que a continuación voy a comentar son los existentes actualmente. Uno de ellos, el de la atención directa, está en clara extinción pero pienso que es un error porque el más en boga, el del registro, puede tener aspectos positivos a la larga, pero en caso de existir errores es mucho más engorroso para la administración y para los contribuyentes.

El primero de ellos es el más moderno: a través de internet, rellenando formularios y autentificando a la persona con un certificado digital. Es el caso de mi relación trimestral y anual con la Agencia Tributaria, donde los trámites se realizan en un momento y sin mayores complicaciones. Bien es verdad que con el tiempo se van introduciendo cambios que pueden despistar un poco pero por lo general son acciones sencillas y sobre todo que empiezan y acaban quedando constancia mediante el correspondiente certificado de que han sido realizadas, lo que te confiere una cierta tranquilidad.

El segundo ha sido ante una mutualidad «de las de antes» y el procedimiento, aunque tiene otros más modernos, ha sido acudir a la ventanilla con todos los papeles y presentarlos ante el funcionario. Esto tiene la ventaja de que los documentos son revisados en el momento y obtienes un diagnóstico de su validez: o te admiten todo y te dan el correspondiente resguardo o te indican, unas veces amablemente y otras menos, lo que falta y la forma de solucionarlo. Este ha sido mi caso pues me faltaba un documento, se me indicó la forma de obtenerlo y así puede volver al cabo de un rato y obtener mi resguardo de que la documentación ha sido presentada en tiempo y forma. Otra cosa será que el correspondiente comité lo apruebe o deniegue, eso es harina de otro costal y hará falta tiempo para saberlo.

Y la tercera forma que quiero comentar aquí es la que está más en boga y no es otra que el Registro General. Acudes a un sitio centralizado donde lo único que hacen es recogerte lo que lleves, darlo entrada y nada más. Ya te advierte la persona que está al cargo de admitir los documentos que su trabajo consiste en recibir lo que tú le entregues, poner el sello de entrada y tramitarlo al departamento correspondiente. Vamos, que puedes entregar lo que te dé la gana, desde un recorte de periódico hasta un Quijote, te lo recogen, te ponen una pegatina como la que se aprecia en la imagen y te largas para quedar a la espera de que pase el tiempo, los papeles presentados lleguen a su destino, alguien los revise y te comunique su bondad o nulidad. Y esta comunicación tiene sus intríngulis por las formas en que puede ser llevada a cabo: teléfono, correo electrónico o correo ordinario como las más generales. Las dos primeras son inmediatas y fiables —si el número de teléfono y la dirección de correo electrónico son correctas—, pero la tercera tiene sus dependencias de como funcione el correo postal.

He comentado en este blog algunas vicisitudes con mi dirección postal. En este último caso he vuelto a sufrir un más de lo mismo, aunque la providencia divina se ha aliado conmigo y me ha tocado en suerte un cartero celoso, de los de antes, que ha tenido a bien que sus cartas lleguen a sus destinatarios por encima de todo. Aunque mi dirección estaba correctamente indicada en el papel presentado cuando se inició el expediente allá por el mes de julio del presente año 2017, la dirección que al final ha llegado a los ficheros del ministerio estaba incompleta. Vivo en una urbanización con portales, escaleras, pisos positivos y negativos y se ve que la persona que en su día incorporó los datos al expediente tuvo a bien decidir que con la calle y el número bastaba, para que se iba a molestar en añadir portales, escaleras y pisos. La carta enviada para comunicarme que el expediente seguía incompleto y que en tres meses lo cerrarían si no aportaba la correspondiente documentación, me ha llegado de milagro, ya digo, por un cartero celoso de los que cada vez quedan menos por desgracia.

Otra vez al registro, ahora con tres grupos de papeles. Uno para solicitar que actualicen y completen convenientemente mi dirección postal de forma que las futuras comunicaciones tengan más probabilidades de llegar. Otro para comunicar que la documentación que dicen no tener fue presentada en tiempo y forma hace casi dos meses y adjuntar el documento con el sello de entrada que lo acredita. Y un tercer grupo de papeles presentando de nuevo toda la documentación; menos mal que no se entregan los originales pero hay que hacer de nuevo todas las compulsas y demás zarandajas adicionales. Todo presentado, todo recibido y aceptado por la empleada del registro y ahora esperar de nuevo otro tiempo a ver si lo solicitado llega a buen término y es aprobado. Siempre queda la duda de que si no corrigen la dirección me llegue la carta resolutoria del expediente que me interesa.





domingo, 22 de octubre de 2017

HARTAZGO



Alguno de los personajes de la imagen ha muerto y otros han mutado, pero la ilustración que publicó el diario El Mundo en octubre de 2014 sigue de plena y rabiosas actualidad. «Hasta en la sopa», que diría un castizo, me encuentro desde hace meses, especialmente el último, con «ese» tema como si no hubiera otro y el mundo se fuera a acabar con él. Prensa, radio, televisión, tertulias… son medios que puedo manejar a mi antojo encendiendo y apagando, pero hay otros que me invaden y me dejan poca capacidad de ignorarlos como los correos electrónicos y los guasaps que circulan en cantidades ingentes por la red. Pero quedaré inmerso, salvo que salga corriendo, en las conversaciones con amigos, las clases, las tertulias, en la presentación de un libro… En ningún sitio se quiere hablar del «asunto», que ya cansa, pero en todos se atisba, flota en el aire, se menciona y ya entramos al trapo.

De cuestiones de política y de otras como la religión es mejor no hablar. Opiniones tenemos todos pero si nos las guardamos nos evitaremos algún que otro disgusto o enfrentamiento que además quedará grabado a sangre y fuego para siempre en el ADN de los intervinientes y conducirá nuestras interacciones futuras. Por ello no quiero reflejar aquí mi opinión directa sobre «ese» tema.

En esta semana han otorgado el Premio Nacional de Narrativa 2017 a Fernando Aramburu , supongo que por toda su trayectoria pero especialmente por su libro Patria, una joya cuya reseña puede verse en el blog amigo de A leer que son dos días haciendo clic en este enlace. Es un libro de ficción que está ambientado en un pasado reciente en otra región de España diferente, concretamente el País Vasco, y que relata a lo que pueden llegar los miembros de dos familias íntimas por dejarse llevar por sentimentalismos. Menos mal que solo se trata de un libro de ficción literaria. Hago mención a este libro porque me parece que debería ser de obligada lectura para todo ciudadano del mundo para llegar a hacerse una idea de por dónde pueden transitar las emociones y los actos cuando no se tienen claros ciertos criterios y se deja uno conducir por rondamisas .

El punto al que hemos llegado y que está lejos de acabar tiene raíces. Creo que mi opinión sobre el tema de las Autonomías Españolas está claro por otras entradas en este blog, la muy específica «AUTONOMÍ…suyas» y otra algo colateral sobre descentralización sanitaria como «AUTONOMÍ…desemejanza». El «Café para todos» de los años setenta del siglo pasado fue un parche, posiblemente el mejor que se podía poner en aquella época y en aquellas condiciones, pero hoy en día ─cuarenta años después─, se nos muestra como completamente acabado o cuando menos desfasado. Los acontecimientos recientes lo están dejando claro. Bien es verdad que una herida que no se trata y se cierra en falso, lo más probable es que se infecte, siga supurando y al final explote causando mucho más daño y haciendo mucho más difícil su cura.

Yo me pregunto porque no aprovechan otras de las 17 existentes, más dos ciudades, para lanzarse al río revuelto en busca de su particular ganancia de pescadores. Gallegos, manchegos, extremeños, andaluces, asturianos, cántabros, riojanos, melillenses… Quizá sean sensatos y antepongan otras cosas a sus emociones. Y cuando menciono otras cosas, me refiero a las materiales, la comida, la vivienda, la sanidad, la educación… Solamente cuando uno tiene el estómago lleno, un lugar digno donde vivir, una sanidad aceptable que vele por su salud y otras cosas básicas puede empezar a pensar en si se hace seguidor activo del Betis, del Málaga o del Rayo Vallecano. Y todos estos asuntos, materiales, los tiene que percibir la persona en propias carnes, no vale con que se lo cuenten porque cada uno sabrá por su propia experiencia si está siendo engañado. Los anuncios del tren son muy bonitos porque los hacen empresas expertas en hacer anuncios pero los ciudadanos que realmente utilicen el tren todos los días sabrán si la cosa va bien o menos bien, por no decir mal.

Los políticos son, o deberían ser, expertos en manejar las emociones del personal. Muchas veces es suficiente un poco de humo para encandilarnos y llevarnos por donde ellos quieren. Somos por lo general muy desmemoriados y poco aficionados a la historia, que se repite una y otra vez machaconamente. Y algunos lo hacen muy bien, llevando al ciudadano a unas situaciones extremas en este terreno de las emociones, cuando sus necesidades básicas no están cubiertas con unos mínimos razonables. Y lo que es peor, seguir por ese camino de la emociones conduce a un empeoramiento, está demostrado, de esas condiciones básicas. Prometen el oro y el moro, lo bonito que va a ser todo en el futuro, cuando nosotros seamos dueños de nuestro destino. ¿Quiénes somos nosotros? ¿Quiénes son ellos?

Hay ciertas cuestiones de no son descentralizables, por mucho que nos esforcemos. ¿Podemos imaginarnos un ejército descentralizado, con 17 o 19 jefes de igual nivel teniendo que tomar decisiones? Todos hemos asistido a los sucedidos entre las fuerzas de seguridad del Estado y las fuerzas de seguridad autonómicas. Y en esa categoría de no descentralizables incluyo las básicas como la educación, el trabajo y la sanidad. Bien es verdad que las fronteras son entelequias que se han ido fijando con el paso de los siglos y que pueden volverse a negociar. Pero cuando llevamos un porrón de años tirando todos a una, con solidaridad y sin desarrimar el hombro, no es muy bonito bajarse del yugo cuando las condiciones particulares son más boyantes.

El caso no es aislado. A otro nivel más internacional lo estamos viendo con el BREXIT, un bocado muy difícil de digerir que está provocando no pocos sinsabores a muchos ciudadanos ─ingleses fuera de su país y extranjeros dentro─ y eso que ni siquiera ha empezado a rodar. Ya a nuestro nivel hemos llegado a un punto álgido, feo, que está trayendo muchas consecuencias emocionales y personales que será muy difícil de olvidar en el futuro.

En todo caso, no olvidemos quién ha comenzado las hostilidades. Nadie habla de él porque está un poco en segundo plano en la actualidad, pero está en la imagen que acompaña está entrada. Claro que no ha sido el sólo sino con mucha gente detrás. Cuando las inversiones y la industria iban para allá en años pasados en lugar de ir a otras zonas del país, todo parecía bien. Ahora que lo tengo, me lo quedo y que os den…

Como esta entrada puede ser leída en el futuro, por las normas de etiqueta de los escritos en internet hay que aclarar que «ese» tema es realmente el de la declaración unilateral de independencia de Cataluña que tantos gastos espirituales y materiales está condensando en estos meses finales de 2017.


domingo, 15 de octubre de 2017

COMPETENCIA





Un domingo, a última hora de la tarde, con toda la familia en casa cerrando la semana y preparando la entrante. De forma casual, surgen tres necesidades procedentes de diferentes miembros de la familia, que pueden verse en la imagen que acompaña esta entrada. Mi hija se está fabricando un jersey de punto y se ha quedado sin lana de uno de los colores que estaba utilizando, que por más señas había comprado fuera de España durante un viaje. Por otro lado, revisando y cargando las baterías de una cámara de fotos me doy cuenta que una de las dos que tenemos está fuera de uso, no carga, por lo que surge la necesidad de adquirir una nueva.

Ya de paso, este asunto de las baterías en casa empieza a ser preocupante pues empiezan a acumularse unas cuantas de múltiples aparatos ─teléfonos, cámaras, relojes y otros aparatos diversos─ y se oye de vez en cuando la ocurrencia de accidentes por explosiones o por corrosiones. Con ello es una buena idea disponer de sobres o bolsas ignífugas donde tenerlas recogidas mientras no las estemos usando.

Tres necesidades surgidas a última hora de la tarde de un domingo. En otros tiempos o bien  no se tendrían estas necesidades o se irían solucionando poco a poco en los días siguientes mediante las oportunas visitas a los comercios correspondientes. Pero estamos en la era de internet y uno no se resiste a echar un vistazo al mercado a través de la pantalla del ordenador para ir estudiando el asunto.

En cuanto a la lana para tricotar de mi hija, tenía claro que la compra tendría que ser a través de internet pues la marca y el color iban a ser muy difícil de encontrar en una tienda física. La localicé en la página web de la marca y comprobé que era posible pedirla a través de internet y mediante envío internacional, eso sí, previo pago de una pasta por el coste producto y otra adicional por el envío mediante courier desde los estados apretados esos.

Al tema del sobre ignífugo era la primera vez en mi vida que me enfrentaba y como no puede ser de otra manera hay diferentes empresas que lo comercializan, en diferentes tamaños y con diferentes capacidades de soportar altas temperaturas. Algunas de ellas admitían la compra a través de internet y otras indicaban en sus páginas web en que comercios podían adquirirse sus productos.

El asunto de la batería ya era un pelín más complicado, porque la cámara de fotos es antigua, bastante antigua, y los repuestos o bien son de la marca y por ello alcanzan precios prohibitivos o son generalistas; la mejor manera que yo conozco que comprar baterías compatibles de cualquier tipo es EBAY, el conocido sistema de compras por internet que pone en contacto y de forma directa al comprador con tiendas y particulares de todo el mundo. La batería que buscaba estaba disponible en varias marcas y a muy variados precios en numerosos sitios de eBAY.

Tras estas indagaciones, siempre está la bala de la recámara: Amazon. Es difícil resistirse a echar un vistazo y así lo hice, con la sorpresa de que los tres productos estaban disponibles en la plataforma, a precios correctos e incluso ligeramente mejores que los vistos y sobre todo con las facilidades que presenta esta plataforma en el asunto del envío, con diferentes modalidades a las que te puedes ajustar. Una de ellas es el envío a lista de correo a una oficina física de Correos. Cuando el paquete está disponible te remiten un correo electrónico procedente de Amazon y un SMS de la oficina de Correos para que pases a recogerlo cuando te venga bien, nada de estar secuestrado en casa esperando que llegue el repartidor.

Siempre me queda la cosa del asunto de como liquida los impuestos de Amazon y de cómo se está haciendo con el negocio de una forma descomunal, pero la alternativa de andar pidiendo las cosas que necesitaba en tres sitios diferentes, con diferentes sistemas de pago y envío me hizo optar por la parte práctica y realizar el pedido.

Como decimos, era un domingo por la tarde. A las nueve de la  mañana del martes siguiente, menos de dos días, estaba recogiendo el paquete con los tres productos en la oficina de Correos. Todo perfecto, todo rápido y todo fácil. Es muy difícil resistirse a esta nueva forma de comprar cosas, cuando hay unas garantías y unas formas de funcionar que se adaptan plenamente al cliente y satisfacen sus necesidades.