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sábado, 1 de octubre de 2016

FANGAL




En el argot popular se utiliza la expresión «meterse en un charco» para referirse a iniciar alguna actividad cuyo fin no alcanzamos a determinar pero que prevemos que va a conllevar una cierta dificultad e incluso que puede no llegar a realizarse por mucho que nos lo propongamos. Rescato aquí una de mis frases preferidas: «como no sabían que era imposible, lo hicieron». Los charcos, como los fangos o las ciénagas, suelen estar turbios y no se ve el fondo, con lo que entrar en ellos puede terminar en un simple mojado de los bajos del pantalón o una inmersión total.

La mayoría de las personas cuando huele el cieno y salvo que sea perentorio para ellas, elude el mancharse y como mucho busca ayuda en algún conocido, amigo o amiguete, al que soltarle el problema y esperar la solución con las manos en los bolsillos. En variadas ocasiones he sufrido esto con amigos que con el pretexto de vernos e invitarme a una cerveza en su casa me ponían delante del ordenador para comentarme cosas que no funcionaban o novedades de las que habían oído hablar pero, claro, no entienden de esas cosas. Cuando me veo en esta situación, la pregunta que les hago es invariable: ¿tienes algún amigo mecánico, albañil, carpintero, fontanero o pintor? ¿Les invitas a tu casa a tomar una cerveza para que te arreglen el coche, te cambien la bañera por un plato de ducha, te hagan un mueble, te cambien un radiador o te pinten el pasillo? Esto es, claro, una declaración de guerra pero tiene el trasfondo de la valoración del trabajo y del tiempo de los demás. Es que como tu entiendes más que yo de estas cosas… La vieja historia de que yo no quiero aprender a pescar, prefiero que pesque otro que yo ya me comeré el pez.

La capacidad humana de aprender es casi infinita. Desde que nacemos hasta que morimos estamos aprendiendo día tras día, pero hay una palabra mágica complementaria a esto del aprendizaje: INTERÉS, o lo que es lo mismo, inclinación de nuestro ánimo a una cuestión. En función de los logros que esperemos obtener, y también la necesidad que tengamos de los mismos, nuestra dedicación será distinta. Es necesario también tener en cuenta que nuestras anteriores exploraciones de temas relacionados, si las hemos tenido, nos habrán dotado de un bagaje que nos permitirá acometer con más facilidad y más posibilidades nuevas tareas. Ahora ya no hago nada, pero tuve mis tiempos de darle a fondo al bricolaje: una de las actividades que más me gustaba era la carpintería-ebanistería. Compré herramientas adecuadas la estrella era una fresadora que aún conservo, tenía sitio en el garaje y pasaba mucho tiempo investigando, haciendo, rompiendo cosas… hasta llegar a tener una cierta habilidad y terminar incluso muebles con una cierta prestancia. Ello me llevó a no pocos sinsabores por el dicho aquel que reza «en comunidad no demuestres habilidad». A más de un amigo le hice un completo laboratorio de fotografía y a otros diversas estanterías y muebles auxiliares hasta que me cansé de poner mi tiempo y mi dinero a veces tenía que comprar herramientas o reponer las mías— y empecé a perder amigos. Ahora me pasa casi lo mismo con los temas informáticos…

En mi casa tengo un NAS, acrónimo de «Network attached storage» o sistema de almacenamiento en red, destinado a contener fotos, vídeos y demás elementos multimedia de la familia y que permite que desde cualquier ordenador conectado inalámbricamente se puedan ver y utilizar sin tener que estarlos copiando. Una solución muy versátil y práctica que implanté hace ya más de dos años y a la que todos los miembros de la familia nos hemos acostumbrado y utilizamos cuando es menester. A nadie se le oculta que en su día hubo que dedicarle tiempo al asunto pues un NAS no es un aparato que se saca de la caja, se enchufa y ya está. ¿Es fácil o difícil poner un NAS en tu vida? Pues como hemos comentado anteriormente, depende del interés y las ganas que tengas de tenerlo y usarlo. No es que sea complicado, siempre en función de los conocimientos anteriores de cada cual, pero hay que administrarlo, «customizarlo» como también se dice aunque a mí me gusta más personalizarlo, definir usuarios, definir la estructura de los ficheros, copiarlos, establecer políticas de seguridad y copiado, etc. etc. Nada complicado ahora para mí pero lo fue en sus inicios.

Pero hete aquí que uno de los miembros de la familia está residiendo por un tiempo fuera de casa. Se ha llevado su ordenador portátil pero, claro, al no estar en el domicilio familiar, el NAS queda inalcanzable y las funcionalidades de las que disfrutaba estando en casa le están vedadas. Así que hace un par de semanas la pregunta fue ¿puedo acceder al NAS desde aquí? Lo primero que provocó en mí fue una mueca de risa y una contestación de que lo miraría. No hay cosa peor que te metan el dedo en el ojo para ponerte en marcha y empezar a funcionar.

No han pasado dos semanas y tras muchas horas dedicadas creo que estoy en condiciones de ofrecer una solución para que este familiar, y los demás incluido yo, estemos donde estemos, podamos ver nuestros ficheros multimedia. No ha sido un camino fácil y ha habido que dedicarle muchas horas, muchas pruebas y una pequeña inversión monetaria. También hay que decir que no existe una única solución, pues cuando inicias el camino surgen encrucijadas a cada paso; algunas de ellas se exploran y se abandonan, se transita por otras, se retoman algunas abandonadas y así poco a poco se van atisbando posibles soluciones además de aprender muchas cosas nuevas que seguramente valdrán en el futuro para adoptar otra solución (o para echar una mano a algún amiguete… jajaja).

Como todo en esta vida, además de la dedicación personal están los medios de los que se disponga y las ganas de inversión en nuevos cachivaches. En mi caso, una de las mayores dificultades a resolver era el no desear tener el aparato permanentemente encendido, sino contar con la posibilidad de encenderlo, usarlo y apagarlo de forma remota esté donde esté. Mi aparato lo permite, pero no todos tienen esta posibilidad por lo que pudiera haber sido necesario abandonar el asunto o cambiar de NAS. Pero donde mayores dificultades he tenido ha sido en la pelea con mi Router, que ya tiene más años que matusalén y aunque trabaja a la perfección, determinadas funciones necesarias para esto del encendido y acceso remoto estaban de aquella manera. Con mucho internet, mucha consulta al dr. Google ese, mucha información leída, probada y desechada, he llegado a una solución que funciona y me satisface por el momento. Un día de esta semana que estaba en la universidad charlando con un amigo al que le gusta esto de las nuevas tecnologías pero no se mete mucho, cuando saqué mi móvil del bolsillo, encendí mi NAS y le enseñé las fotos de una excursión que habíamos hecho juntos hace años, me preguntó: ¿Las llevas en el móvil? No hombre, no, es una historia muy larga…

He salido del charco, pero mojado y sucio. Me ha quedado claro que me tengo que meter en uno nuevo: cambiar mi Router por uno más moderno que tenga implementadas las funcionalidades que necesito y mayores posibilidades, pero por el momento aparco esta posibilidad, aunque yo mismo me pregunto ¿cuánto tiempo resistiré?